Mercosur: FECHAS HISTÓRICAS

La formación del Mercosur en 1991 fue una consecuencia de la integración entre la Argentina y Brasil. Y, otra vez, la democracia resultó un presupuesto de partida para la estabilidad regional y la integración.

Sudamérica se apresta a conmemorar dos fechas históricas. Una es el 30 de noviembre de 1985, cuando la Argentina y Brasil firmaron el Acta Foz do Iguaçu y dejaron diseñada la integración entre los dos países. Otra es el 26 de marzo de 1991, el día en que la Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay constituyeron el Mercosur. Muy pronto se cumplirán 35 años de la primera fecha y, en poco más de seis meses, 30 años de la segunda.

La cronología suele ser buena consejera. Muestra que el Mercosur existió porque antes la Argentina y Brasil se pusieron de acuerdo en el rumbo común. A través de los 32 puntos del acta de Foz los presidentes democráticos Raúl Alfonsín y José Sarney se felicitaron por haber inaugurado el puente “Tancredo Neves” entre Puerto Meira y Puerto Iguazú, destacaron que era la primera obra conjunta de ese tipo desde el puente de Uruguayana-Paso de los Libres de 1947, acordaron medidas de confianza mutua en el plano nuclear, expresaron su preocupación por la deuda externa y el drenaje de divisas, se prometieron aumentar el poder de negociación de América Latina en el mundo, señalaron los peligros de militarizar el Atlántico Sur y reafirmaron los derechos argentinos en la Cuestión Malvinas.

La formación del Mercosur en 1991 fue una consecuencia natural de la integración entre la Argentina y Brasil. Y, otra vez, la democracia resultó un presupuesto de partida para la estabilidad regional y la integración. Uruguay ya había recuperado su régimen constitucional en 1985. Paraguay lo había hecho en 1989.

Casi 30 años más tarde, la primera comprobación feliz es la continuidad en medio de los vaivenes del mundo y, a veces, pese a las diferencias políticas. Ningún documento dice que los gobiernos pasan mientras el Mercosur y los pueblos quedan, pero ese espíritu está presente desde el primer día y es bueno que así sea.

La certeza sobre la continuidad es la que nos da, hoy, libertad para debatir con franqueza sobre los desafíos del Mercosur. El Gobierno enfoca cada discusión con los socios quitándose de encima el velo de los dogmas. La Argentina no cree que el Mercosur deba ser convertido sólo en una suerte de plataforma de lanzamiento para acelerar procesos hacia la firma de acuerdos con terceros países o bloques. Y tampoco se abraza al dogma de un Mercosur cerrado al mundo. Tal cual quedó planteado en Foz, concibe al Mercosur como un mecanismo de integración que todavía puede y debe ser profundizado en términos de comercio, conectividad física, energía, educación, cultura, turismo y desarrollo digital. Todas las experiencias internacionales muestran que a mayor solidez de la integración, mayor capacidad negociadora, lo cual resulta clave en un mundo incierto pero probablemente cada vez más regionalizado.

Sin descuidar ninguna perspectiva interesante fuera del continente, hay grandes posibilidades aquí cerca. En el resto de América del Sur. En América Central y el Caribe. En México. Debemos explorarlas juntos.

Partimos de un piso interesante. Sólo en alimentos el Mercosur exporta hoy al mundo 120 mil millones de dólares.

Los socios tenemos mucho por hacer en un espacio que para la Argentina es política de Estado y que, afortunadamente, siempre se caracterizó por la flexibilidad y el espíritu práctico.

(Sala de Prensa con El Território)

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