Empantanado en las tiranteces entre sus dos buques insignia, Brasil y Argentina, el Mercado Común del Sur (Mercosur) pasa por verdaderos aprietos en esta época de pandemia, y no está logrando dar a la población la respuesta adecuada que honre sus objetivos integradores y de cooperación regional.

La alianza surgida hace veintinueve años entre Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay, con la posterior entrada de Venezuela –apartada desde 2017–, y con Bolivia en un eterno proceso de adhesión, siempre ha sido arrastrada por las ideologías de los gobiernos de turno –se recrea un avance cuando coinciden, se paraliza todo cuando confrontan–, y nunca ha logrado desarrollar al cien por cien los principales artículos dispuestos en el Tratado de Asunción, su documento fundacional.

El más reciente bocado de realidad ha llegado de la mano del vicepresidente brasileño, el general Hamilton Mourão, en un evento organizado por la Federación de Cámaras de Comercio Exterior de Brasil. “Momento particularmente complicado”, definía el militar el actual estado de Mercosur, debido a que el vecino del sur, en los primeros meses de legislatura de Alberto Fernández, “vive una crisis continua, y no entro en detalles de orientación ideológica, porque tenemos que estar por encima de eso”. Pero lo cierto es que nunca habló en estos términos ningún miembro del gobierno Bolsonaro durante la atropellada etapa final del mandato de Mauricio Macri.

El general Mourão mencionó las deudas que ha tenido que renegociar el Gobierno de Argentina con acreedores externos y los acuerdos que intenta redefinir con el Fondo Monetario Internacional, y sorprendió denunciando los “problemas con las licencias de importación de productos manufacturados”, sobre todo del sector de automoción. “Estos problemas se presentan en este momento en que el gran esfuerzo que fue realizado el año pasado para la articulación del acuerdo Mercosur-Unión Europea parece que comienza a hacer aguas”, confesó el vicepresidente brasileño. “Tenemos que tener un equipo en condiciones de estar negociando permanentemente, no solo con nuestros socios del Mercosur, sino con la Unión Europea”.

Poco poder de reacción del bloque frente a la pandemia

Los primeros movimientos llegaron el 19 de marzo, destinados a “la contención y mitigación del coronavirus y su impacto”. Uno de los puntos a los que se hacía referencia en la primera declaración en tiempos de pandemia estaba orientado precisamente al tema del que se queja el vicepresidente brasileño: “Identificar y promover la remoción de obstáculos que dificulten o impidan la circulación de bienes y servicios y estudiar medidas cuya adopción conduzca a la agilización del tránsito y transporte de insumos y productos de primera necesidad”.

También se buscaba “convocar a organismos multilaterales de crédito, en particular al Banco Interamericano de Desarrollo (BID), al Banco de Desarrollo de América Latina (CAF) y al Fondo Financiero para el Desarrollo de los Países de la Cuenca del Plata (FONPLATA)”, para que evaluaran en forma conjunta “líneas de acción” que permitieran afrontar la crisis con unas garantías mínimas de éxito.

Por lo menos en este campo se ha podido obtener un mínimo fruto. Tras un acuerdo con FONPLATA se consiguieron 16 millones de dólares adicionales para el proyecto Plurinacional “Investigación, Educación y Biotecnologías aplicadas a la Salud”. Estos recursos, que serán gestionados a través del Fondo para la Convergencia Estructural del Mercosur (FOCEM) “son no reembolsables y sin cobro de intereses financieros”. A través del mismo FOCEM se financiaron a finales de mayo, según la información oficial del bloque, “la producción de 50.000 pruebas moleculares rápidas (PCR) y 400.000 test que detectan la enfermedad en el suero de los pacientes (serodiagnóstico)”.

La respuesta es endeble, muy lejos de las necesidades de los países que forman la alianza. Durante el seminario Políticas de Salud y Territorios en Tiempos de Pandemia, organizado por el Instituto Social del Mercosur, el sociólogo argentino Sebastián Tobar, actualmente en el organigrama de la Fundação Oswaldo Cruz (Fiocruz) en Brasil, se lamentaba de que las características socioeconómicas de la región son muy diferentes a las de Europa y Asia: “Nosotros tenemos un continente de ingresos medios pero una región con altos niveles de inequidad en el ingreso y en el acceso a la salud. Y estas inequidades afectan principalmente a algunos grupos, como los grupos afrodescendientes, los pueblos originarios, y afecta en mayor medida a poblaciones que viven en hacinamiento o sin acceso a agua”.

Se paga ahora, y con creces, según Tobar, el hecho de que la salud en la región no haya sido nunca una prioridad, o haya sido “una prioridad baja”, con sistemas de salud públicos manejando presupuestos inaceptables: “Ha habido grandes problemas en cuanto a acceso a equipamientos e insumos”. Si no ha habido inversión hasta ahora, nadie espera grandes despliegues de cara a la reconstrucción tras la crisis, o al fortalecimiento de las democracias que forman el bloque, uno de los pilares de este proyecto de integración.

Especial atención en los territorios fronterizos

Otro de los compromisos de la primera declaración oficial de los estados del Mercosur cuando comenzó a golpear la pandemia estaba dedicada a “tomar en consideración las especificidades propias de las comunidades residentes en áreas fronterizas, en el proceso de diseño y ejecución de medidas aplicables a la circulación de bienes, servicios y personas, de manera de reducir su impacto en dichas comunidades”.

Se podría apuntar en la lista de cuentas pendientes, aunque existe un proyecto, Juventudes y Fronteras en el Mercosur, ejecutado por el Instituto Social del Mercosur con el apoyo del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), que nació antes de la covid-19 y que ahora intenta reorientarse y ganar peso.

“Hoy es un proyecto estratégico, la frontera se ha vuelto un tema particularmente importante en este contexto”, aseguraba hace unos días en la presentación de las novedades del proyecto el paraguayo Juan Miguel González Bibolini, director ejecutivo del Instituto Social del Mercosur. “Fronteras cerradas es no integración, y hoy estamos en un escenario de fronteras cerradas. Los esfuerzos que tenemos que hacer para que las fronteras vuelvan a estar abiertas, para que sean seguras, para que la movilidad humana se pueda garantizar en condiciones de seguridad sanitaria, van a ser muy importantes en los próximos meses”.

En el empeño –no se ha especificado la asignación económica– se priorizarán los cuatro pares de ciudades fronterizas gemelas –o ciudades espejo– de mayor población: Foz do Iguaçu (Brasil) y Ciudad del Este (Paraguay); Rivera (Uruguay) y Santana do Livramento (Brasil); Concordia (Argentina) y Salto (Uruguay), y Encarnación (Paraguay) y Posadas (Argentina). Todo Mercosur se ahoga con la covid-19, pero estos municipios se necesitan entre sí y se están ahogando más todavía.

(Sala de Prensa con Portal Público)