RÍO 2016: DE EMOCIÓN EN EMOCIÓN, EL VIEJO DEL POTRO REAPARECIÓ CON UN ZARPAZO PARA EL RECUERDO

De lágrimas en lágrimas, de emoción en emoción. La medalla dorada de Paula Pareto ya es realidad, pero hay triunfos que también son de oro. Sin podio, himno ni izamiento de banderas. Para Juan Martín del Potro , que hace unos meses, cuando volvió a reescribir esbozos de tenis profesional, empezó a soñar con volver a la Copa Davis y no perderse los Juegos Olímpicos, noches como éstas son conmovedoras. De esas que le dan sentido a muchas cosas en la vida. Sobre todo cuando varias veces, cercado por operaciones, rehabilitaciones, dolores, temores y ansiedades, estuvo a punto de guardar el bolso con las raquetas y cambiar de estatus. Sin saber cómo transcurrirán estas dos semanas para el deporte argentino en Río 2016, dos cosas están muy claras ya: del 1,50m de Pareto al 1,98m de Del Potro, el primer fin de semana fue impactante. Una judoca tenaz tuvo lo que tanto buscó y anheló sin retacear sacrificios; un tenista de elite, golpeado por el destino y al borde del KO, se puso de pie para dejar en claro que cuando se tenga que ir, será por decisión propia.

Cuando se conoció el draw del tenis olímpico y Pico Mónaco dijo que Del Potro “tenía chances de ganarle a Djokovic“, muchos lo tomaron como una frase de cortesía. El propio Delpo le bajó revoluciones a sus posibilidades reales en la jornada previa al debut. Vaya paradoja: el último partido del tandilense por los Juegos Olímpicos había sido en aquel inolvidable triunfo en el All England sobre Novak Djokovic (7-5 y 6-4), para cosechar un bronce que lleva en el alma. Y para arrancar cuatro años después, otra vez el N° 1 del mundo en su camino. En distintas circunstancias, claro. Con Del Potro volviendo a tener buenas sensaciones, pero imaginariamente lejos todavía de poder plantarse frente al hombre que en Roland Garros acaba de completar los cuatro Grand Slams y que vino a buscar lo que le faltaba: la medalla dorada. La realidad superó a la imaginación.

Fue el Del Potro (141° del mundo) de los viejos tiempos. Metido, con actitud, prendido. Rápidamente sintió que el cañón de derecha estaba alineado y que haría estragos. Pero si el de anoche fue el Del Potro que se ganó un lugar entre los mejores y amenazó, antes de los pasos anuales por las manos del Dr. Berger, con transformar el póker de ases (Federer, Nadal, Djokovic y Murray) en el quinteto de los elegidos, es porque se animó a todo. No sólo la derecha: bancó también el partido con mucho revés, del slice profundo y bajo, pero además con el de dos manos, su karma de estos tiempos. Es cierto: no martilló con ese golpe, pero está en camino de animarse. Manejar el tiro que le faltaba con esa convicción y soltura frente al mejor del mundo lo posiciona de otra manera para lo que viene. Y no nos referimos espectíficamente a Río, sino al futuro en el circuito.

Noche de tenis, agallas y oídos sordos. Seguramente Djokovic no contemplaba un Del Potro que tuviera semejante nivel estándar durante más de dos horas (2h27m). Podía hasta esperar resistencia durante 10 o 12 games, para luego volcar razonablemente el desarrollo en su favor. Error: el argentino nunca aflojó. Fue 7-6 (3) y 7-6 (2) sin quiebres, aunque el que tuvo más chances de romper fue el propio tandilense. Ni siquiera se inmutó por el clima adverso que reinó en el coqueto estadio de Barra de Tijuca: casi como que jugó un partido por la Davis en Belgrado. Nada lo quitó del foco: ni los brasileños festejando puntos de Djokovic como si fueran rabonas de Neymar Jr. ni algún grito desubicado de la tribuna (“argentino maricón“).

Cuando el serbio advirtió que la cuestión iba bien en serio, también empezó a mostrar flancos permeables. No conseguía sacar regularmente bien, Del Potro lo tiraba muy atrás y eso derivaba en que la segunda o tercera respuesta perdiese profundidad. ¡Penal en media cancha y a cobrar! Una acción en la que el argentino se siente como lo era amigo Martín Palermo dentro del área: letal. En lo que Djokovic estuvo a la altura de su historia fue en las devoluciones: resultó admirable cómo puso la pelota en juego ante misiles de 207, 209 y hasta 210km/h. Aunque no sería suficiente. Necesitaba atacar y las herramientas para eso las manejó mejor Del Potro.

Son cuatro ahora sus triunfos sobre Djokovic, que terminó abatido y llorando, en un total de 15 choques. La última vez había sido en Indian Wells 2013. Pocos pero buenos, sin dudas: dos por Juegos Olímpicos y el restante por la Copa Davis. La picardía es que deberá volver hoy a la cancha, no antes de las 14, para enfrentar al portugués Joao Sousa (36°), y luego jugar dobles, que en principio era su principal apuesta para la competencia. Aflojarse después de una noche tan excitante no le resultará sencillo y el cuerpo puede pasar factura. Son sólo lecturas de lo que ofrece el tenis. Lo que nadie podrá quitarle al tandilense es la sensación de volver a sentirse grande. Y quizá hasta se anime a darse un beso de reconciliación en las muñecas. Mostrando que no hay rencores y sí muchas ganas de seguir disfrutando del tenis.

Com La Nacion

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