“La Argentina que quisimos cambiar hace 50 años era mucho mejor que esta”

Martín Caparrós (Buenos Aires, 1957) es periodista, escritor e historiador. En los 70 fue un militante de la izquierda y luchó contra la dictadura. Referente del nuevo periodismo latinoamericano, sus opiniones son muy respetadas en su país. No vive en Buenos Aires desde 2013, pero vuelve con frecuencia y sigue pendiente a diario de la actualidad argentina. El autor de El Hambre reflexiona desde un bar del viejo Buenos Aires sobre el deterioro de su país y la falta de respuestas de los últimos gobiernos argentinos frente a la pobreza.

Pregunta. Han pasado dos años desde el cambio de Mauricio Macri. ¿Hay cambio en Argentina?

Respuesta. No. Los dos bandos en liza pueden seguir diciendo lo mismo que hace dos años y no hay nadie que demuestre que están equivocados. Este es un país calesita (tiovivo), da vueltas y vueltas, parece que sale pero termina en el mismo lugar. Con la diferencia que esta vez el arranque fue más cuestionado. En general, con [Raúl] Alfonsín, [Carlos] Menem, [Néstor] Kirchner, había una expectativa más generalizada de que algo bueno iba a pasar. En cambio, con Macri las opiniones estaban partidas por la mitad desde el inicio. Hubo un control de ciertas variables económicas, hubo un emprolijamiento de la discusión pública, cierto aumento de la obra pública, pero los temas centrales están exactamente igual.

P. ¿Cuáles son?

“La Guerra de Malvinas inició el proceso de latinoamericanización de Argentina”

R. Por ejemplo, el hecho de que un tercio de la población argentina esté por debajo de la línea de pobreza. Ni el kirchnerismo ni el macrismo atacaron con ninguna eficacia esa situación que es la base de todo este desastre. Otra muy decisiva es la Justicia, en Argentina no funciona. Se me ocurre pensar que buena parte de esta violencia en el clima social argentino, esta rispidez del trato, tenga que ver con que no tenemos un sistema institucional de resolución de conflictos. Tengo un amigo que tiene una casa, la alquila y se la invaden. Durante dos años intenta hacer un juicio para sacarlos y no pasa nada. Otro amigo le dice “puedo hablar con un amigo en la Prefectura” y así se solucionan las cosas.

P. Argentina nunca resuelve sus grandes misterios, como AMIA, la muerte del fiscal Nisman…

R. El día que murió Nisman me pidieron en EL PAÍS una crónica y escribí que no se iba a saber nunca. Y me dijeron: ¿cómo vas a decir eso ahora? Y mira, porque conozco a mi Argentina.

P. ¿Es un país muy cerrado en sí mismo?

“Argentina es un país calesita, siempre termina en el mismo lugar”

R. Sí, está asquerosamente cerrado sobre sí mismo, pero no sé si en eso es diferente a muchos otros. Argentina se ha provincializado mucho en las últimas décadas. Creo que el quiebre fue la dictadura y más específicamente, la guerra de las Malvinas, que inició el proceso de latinoamericanización de Argentina. Los datos sociales y económicos eran muy distintos que los de América Latina en 60 y 70 y empezaron a ser cada vez más parecidos.

P. Escribió que su generación arruinó Argentina. ¿Cree que el país nunca se recuperó de los 70?

R. Lo decisivo de la dictadura no fue su violencia y su crueldad, que fueron enormes, sino el hecho de que la usaron para reestructurar la sociedad y la economía argentina. Entre militares en los 70 y Menem en los 90 completaron el círculo. En los años 50, 60, la gente del interior vivía unos años en la villa miseria, después se compraba una casita, los hijos estudiaban, se podía comprar un coche, luego una casa más grande. Había todo un mito de la movilidad social que funcionaba. Ahora no.

P. No coincide con la tesis de que todo se pudrió con el peronismo.

“La Justicia en Argentina no funciona”

R. No, no creo que la clave fuese el peronismo. Creo que los ricos argentinos siempre fueron extractores, nunca pensaron en términos de inversión. En 1890 eran jeques árabes, la riqueza salía de la tierra y solo tenían que mandar a un negro que la sacara. Pensaron que iba a ser así para siempre pero en los 30, 40 surgió un sector nuevo, inmigrantes exitosos que intentaron crear una industria. El contragolpe del 76 es el regreso de los ricos de 1920 que vuelven a tomar el control de la economía argentina. Con la particularidad de que en los últimos 70 años se le agregó otra tierra de la que se podía extraer petróleo, que era el Estado.

P. ¿Cómo ve ahora este gobierno?

R. Es un sector sociológico que nunca había gobernado democráticamente en Argentina. Produce fenómenos curiosos, por ejemplo, esa incomprensión profunda hacia los derechos humanos. Quisieron cambiar el feriado del 24 de marzo [día del golpe de Estado], aprobar el 2X1 contra los represores, hacerse los tontos y mirar para otro lado con Santiago Maldonado [el último desaparecido]. Y siempre tuvieron que echar marcha atrás. Parece que su formación sociocultural hace que no les parezca relevante.

P. ¿Argentina tiene arreglo?

“Ni el kirchnerismo ni el macrismo atacaron con eficacia la pobreza”

R. Sí, pero se necesita un proyecto lo suficientemente apetecible. Eso no va a venir del macrismo ni del kirchnerismo. Entiendo por arreglarse reducir drásticamente los niveles de desigualdad y exclusión que hay. Porque no se puede vivir bien en un país donde están excluidas una de cada tres personas.

P. ¿Los argentinos se han acostumbrado a la latinoamericanización?

R. Ese es el proceso de los últimos 40 años, nos acostumbramos a cosas que no tolerábamos. Si uno compara la Argentina que quisimos cambiar hace 50 años con esta, aquella era mucho mejor. En ese momento había un índice de pobreza del 3%, ahora del 30%.

P. ¿Por qué entonces les parecía tan intolerable?

R. Porque queríamos el socialismo, no un capitalismo simpático.

P. Ahora se conformarían con lo que tenían entonces?

R. No nos conformaríamos, pero sí tenemos que admitir que era mejor. La única originalidad fuerte de Argentina es la degradación del país en todos estos años, que se puede demostrar con datos.

 

Com El País

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