El planeta de los animales

Los grandes primates son los parientes más cercanos de los humanos. Compartimos con ellos la mayoría de nuestro patrimonio genético, pero en breve podemos compartir, además, bastantes derechos. Iniciativas jurídicas en distintos países buscan que estos animales gocen del derecho humano por excelencia, el habeas corpus —no ser privado de libertad de forma arbitraria—, y que sean declarados “personas no humanas”. Por ahora, una orangutana llamada Cecilia ha logrado el habeascorpus, y otra llamada Sandra, ser considerada “persona no humana”, esto es, dejar de ser una cosa para convertirse en un sujeto. Ambas sentencias tuvieron lugar en Argentina, pero hay demandas en marcha en otros países.

Uno de los grandes avances en la ciencia en los últimos años ha sido la profundización en el conocimiento de la inteligencia animal, que ha puesto en jaque la vieja idea de que el hombre era el rey de la creación y todas las demás criaturas estaban a su servicio. Los pulpos, pese a vivir cuatro años, tienen una inteligencia extraordinaria, los elefantes velan a sus muertos, los cuervos son tan listos que a veces tienen que ser apartados de experimentos porque descubren el truco demasiado pronto y se lo explican a los demás, las orcas hablan entre sí y transmiten conocimientos culturales de generación en generación…

Y los grandes primates, como el pequeño orangután de Borneo Hujan, que sostiene en brazos la cuidadora Eva Ravagni, en el zoo de Krefeld (Alemania), son el espejo más cercano que podemos encontrar en la naturaleza. Sin embargo, no son nosotros. Los animales sienten y son inteligentes y aprenden y se comunican y son empáticos… Pero no sabemos si lo son igual que nosotros. Uno de los grandes males del mundo Disney ha sido humanizar a los animales. En realidad, no los acerca, sino que los aleja de nuestra comprensión. Tal vez nunca lleguemos a entender cómo ve el mundo un delfín, pero es más que suficiente que comprendamos que es inteligente y que no podemos dejarle en un acuario toda la vida. Lo mismo podemos decir de un orangután: no es un bebé, es un animal, pero merece que protejamos su derecho a existir, cada vez más amenazado en la naturaleza.

 

Com El País

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